Adultos Mayores

NADIE TIENE TIEMPO PARA ELLA

abril 7, 2018

NADIE TIENE TIEMPO PARA ELLA
La se√Īora que cri√≥ 5 hijos pero ahora ninguno tiene tiempo para ella‚Ķ
Fue alrededor de las 12 de la tarde, justo cuando los rayos del sol parecen rasgarte la piel.

La luz verde apareci√≥ y pude cruzar del otro lado de la calle. Mientras me dispon√≠a a esperar mi transporte aquella se√Īora se me acerc√≥.

Su piel blanca resaltaba bajo ese sombrero verde y las arrugas en su pecho eran adornadas por un lindo collar de perlas. Su mirada, vaya es linda y cristalina.

Sin embargo, apenas y daba un paso, parecía sufrir un dolor en la columna.

Ella me preguntó sobre una clínica cerca, tenía la dirección en una servilleta (apenas y se entendía). Yo no tenía idea del lugar, pero con las pocas referencias le pregunté a alguien más.
Al parecer estaba a unas cuadras.

Me regresé a comprar algo y encontrarme con mi pareja.
Para mi sorpresa la se√Īora segu√≠a caminando sobre la misma cuadra.
No había avanzado nada, pues su espalda se lo impedía.
Entonces, decidimos ayudar un poco m√°s.

Mi pareja dio la vuelta completa a la cuadra para verificar que la cl√≠nica estuviera ah√≠ y la se√Īora no caminara en vano.
Mientras tanto me quedé a su lado esperando en una banca.

Ella me dijo que era madre de 5 hijos pero ninguno ten√≠a tiempo para acompa√Īarla, a pesar de que recientemente la hab√≠an operado del coraz√≥n.

Por fortuna la cl√≠nica s√≠ estaba en esa direcci√≥n, as√≠ que al paso de la se√Īora la acompa√Īamos.
Cuando llegamos vimos que a√ļn faltaba tiempo para que abrieran el segundo turno (de 3pm en adelante)
Era la 1:30 pm.
Decid√≠ ir a comprarle un poco de agua y ella me dijo: ¬®¬Ņcon qu√© hija?¬®, le respond√≠ que no se preocupara.

Para ese momento mi coraz√≥n ya estaba estrujado, pensaba. ¬Ņen qu√© momento los hijos nos volvemos tan inhumanos?, ¬Ņc√≥mo pueden estar tranquilos mientras su mam√° anda por ah√≠?
De regreso le entregué el agua y un poco de papel para el sudor.

Entonces nos despedimos, pero nunca esperamos que aquella tierna viejecita tomar√≠a impulso para levantarse de esos escalones y darnos un beso en la mejilla acompa√Īado de el abrazo m√°s sincero.

Estaba agradecida, ni siquiera recuerdo las veces que dijo: ¨Dios los bendiga¨, son ángeles que se atrevasaron en mi camino para que yo me cure de la espalda¨.

Las l√°grimas invadieron su rostro y yo no hice m√°s que poner su cabeza en mi pecho mientras acariciaba suavemente sus chinos esponjosos llenos de canas.
Fue dif√≠cil decir adi√≥s, ¬Ņir√≥nico no?
Dos desconocidos tenían más mortificación de dejarla que sus propios hijos.

Ent√©rense, de nada servir√° que llenemos de un mar de l√°grimas el ata√ļd de nuestros padres o que le pongamos un enorme ramo de flores.

Ellos nos necesitan ahora, así como los necesitamos cuando apenas comenzábamos en el turbio camino de la vida.
L D M

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