√Ānimo

La Tacita

febrero 10, 2015
La historia de la taza
Se cuenta que alguna vez en Inglaterra exist√≠a una pareja que gustaba de visitar las peque√Īas tiendas del centro de Londres. Una de sus tiendas favoritas era una adonde vend√≠an vajillas antiguas.
En una de sus visitas a la tienda vieron una hermosa tacita.
‚Äď ¬ŅMe permite ver esa taza? -pregunt√≥ la se√Īora- ¬°Nunca he visto nada tan fino como eso!
En cuanto la tuvo en sus manos, escuchó como la tacita comenzó a hablar.
La tacita le comentó:

¬°Usted no entiende! ¬°Yo no siempre he sido esta taza que usted est√° sosteniendo!
Hace mucho tiempo yo solo era un montón de barro amorfo.

Mi creador me tom√≥ entre sus manos, me golpe√≥ y me amold√≥ cari√Īosamente.

Llegó un momento en que me desesperé y le grité: ¡Por favor! Ya déjame en Paz.

Pero mi amo solo me sonri√≥ y me dijo: ¬ęaguanta un poco m√°s, todav√≠a no es tiempo¬Ľ.

Después me puso en un horno.

Yo nunca había sentido tanto calor.

Me pregunté por qué mi amo querría quemarme, así que toqué la puerta del horno.

A trav√©s de la ventana del horno pude leer los labios de mi amo que me dec√≠an ¬ęaguanta un poco m√°s, todav√≠a no es tiempo.¬Ľ Finalmente se abri√≥ la puerta.

Mi amo me tomó y me puso en una repisa para que me enfriara.

¬ęAs√≠ est√° mucho mejor¬Ľ me dije a m√≠ misma.

Pero apenas me había refrescado, cuando mi creador ya me estaba cepillando y pintando.

El olor de la pintura era horrible.

Sent√≠a que me ahogar√≠a. ¬ęPor favor detente¬Ľ le gritaba yo a mi amo; pero √©l solo mov√≠a la cabeza haciendo un gesto negativo y dec√≠a ¬ęaguanta un poco m√°s, todav√≠a no es tiempo.¬Ľ

Al fin mi amo dejó de pintarme; pero esta vez me tomó y me metió nuevamente a otro horno.

No era un horno como el primero; sino que era mucho m√°s caliente.

Ahora sí estaba segura que me sofocaría.

Le rogué y le imploré a mi amo que me sacara.

Grit√©, llor√©; pero mi creador solo me miraba diciendo ¬ęaguanta un poco m√°s, todav√≠a no es tiempo.¬Ľ

En ese momento me di cuenta que no había esperanza.

Nunca lograría sobrevivir a ese horno.

Justo cuando estaba a punto de darme por vencida se abri√≥ la puerta y mi amo me tom√≥ cari√Īosamente y me puso en una repisa que era a√ļn m√°s alta que la primera.

Allí me dejó un momento para que me refrescara.

Despu√©s de una hora de haber salido del segundo horno, mi amo me dio un espejo y me dijo: ¬ęM√≠rate, esta eres t√ļ¬Ľ Yo no pod√≠a creerlo.

Esa no podía ser yo.

Lo que veía era hermoso.

Mi amo nuevamente me dijo:

¬ęYo s√© que te doli√≥ haber sido golpeada y amoldada por mis manos; pero si te hubiera dejado como estabas, te hubieras secado. S√© que te caus√≥ mucho calor y dolor estar en el primer horno, pero de no haberte puesto all√≠, seguramente te hubieras estrellado.

También sé que los gases de la pintura te provocaron muchas molestias, pero de no haberte pintado tu vida no tendría color.

Y si yo no te hubiera puesto en ese segundo horno, no hubieras sobrevivido mucho tiempo, porque tu dureza no habría sido la suficiente para que subsistieras.

Ahora t√ļ eres un producto terminado. Eres lo que yo ten√≠a en mente cuando te comenc√© a formar¬Ľ.

Moraleja: Dios nunca te va a obligar a que vivas algo que no puedas soportar.

Dios sabe lo que est√° haciendo con cada uno de nosotros.

√Čl es el artesano y nosotros somos el barro con el cual √Čl trabaja.

√Čl nos amolda y nos da forma para que lleguemos a ser una pieza perfecta y podamos cumplir con su voluntad.

 

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