DIOS

LA CRUZ EN LA VIDA

abril 14, 2015

Estaba harto de tanto sufrimiento. Señor, quería sacudirlo de mí como se sacude un bicho molesto, como se desprecian de un amigo importuno, un vendedor que ofrece mercancía con insistencia. Estaba cansado de sufrir, aburrido de llevar la cruz.

Pretendiendo olvidarme de ella hacia las cumbres, lejos, muy alto, escapando, huyendo; mientras tanto, pensaba: “Allí al menos respirar fuerte, desaparecer de mi horizonte el fantasma de la cruz y vivir feliz”. Y comencé un subir.

Tú conoces las fatigas que soportan en el ascenso, las veces que estuvieran tentadas de retroceder, de huir ante el esfuerzo; pero el pensamiento de vivir en las cimas, en paz y sin cruz, me mantenía alerta.

Por fin llegué a la cima; y allí -misterio profundo- lo primero que mis ojos encontraron fue UNA CRUZ. Sí, una cruz.

Entonces me pregunté: ¿qué debo hacer?

De repente comprendí que ya no rehuiré más tu cruz, porque Tú ha plantado en el cruce de mi vida, y sólo en ella encontraré la paz que tanto estoy ansiando y tan desesperadamente voy buscando.

Tú me ha enseñado que no puede vivir; pero también me ha dicho -y me ha convencido que sólo una vida que, además de llevar la cruz, sabe sobre todo llevar la cruz, es la vida verdaderamente feliz.

Entonces, Señor, ya no te pido que me evites la cruz, sino que me enseñes a llevarla.

Alfonso Milagro

 

 

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