Adultos Mayores

El abuelo

julio 30, 2023

EL ABUELO

Cierto d√≠a el abuelo se levant√≥ extra√Īo.

Esos abrazos y besos repentinos m√°s amorosos, m√°s intensos y m√°s sutiles dados a la abuela, cada ma√Īana antes de marcharse a la finca, hab√≠an despertado en cada miembro de la casa un cierto grado de extra√Īeza; y es que el abuelo era cari√Īoso, pero ahora, lo era en exceso.

Se había convertido en un poeta, un romántico sacado de una obra de Shakespeare.
La abuela lo not√≥, obviamente, mucho m√°s cuando en las tardes lo encontraba escribiendo tantas cosas, por muy m√≠nimas que parec√≠an, en un cuaderno que despu√©s guardaba con recelo y con llave en su ba√ļl de sus cosas m√°s importantes.
Ella llegó a sentirse incómoda, hasta llegó a pensar que al anciano le fallaban las neuronas.

Y otras veces se imaginó al abuelo traicionándola con alguna jovencita pobre, de esas que venden sus besos a ancianos por unas cuantas monedas.

Pues, pensaba que √©l escrib√≠a poemas a alguna otra musa, ya que esa costumbre de dedicarle poemas, solo fue en los d√≠as de juventud; y ahora, ¬Ņa qui√©n le escrib√≠a?, se preguntaba al ver que ella no recib√≠a ni un tan solo papel.

Ella le preguntaba, y él simplemente sonreía y callaba.
Un mes despu√©s, el abuelo no regres√≥ de la finca. Su familia lo busc√≥ incansablemente por toda la noche sin ning√ļn √©xito.
A la ma√Īana siguiente, los llamaron del hospital.

El doctor reunió a la abuela y al abuelo para informarles del estado ya avanzado de la enfermedad del viejo.
Le dije en la √ļltima cita que tuve con √©l que les informara del Alzheimer que estaba ya desarrollado.

Que era peligroso.
No nos dijo nada ‚ÄĒdijo ella‚ÄĒ.

Ahora entiendo su cambio repentino.
El anciano estaba ahí, con la mirada en el suelo, escuchando al doctor y a su anciana esposa. Sacó una llave del pantalón y se la entregó a ella.
Antes de que se me olvide ‚ÄĒle dijo‚ÄĒ.

La llave de mis cosas muy importantes.

En el ba√ļl encontrar√°s mi cuaderno en el que estuve escribiendo todos estos d√≠as.

Escribí todos nuestros momentos grandiosos, para que cuando ya no recuerde ni mi nombre, me los leas para volver a vivir lo que en cualquier momento se me olvidará. También te escribí poemas, los abrazos y los besos que te di.

Estoy seguro que aunque yo te olvide, vos no me olvidar√°s.
La longeva lloró silenciosa y sonrió.
Somos un pu√Īado de recuerdos ‚ÄĒcontinu√≥ √©l‚ÄĒ, pero yo soy m√°s que eso.

Soy todo para vos, y gracias por eso.

Estoy feliz de haber vivido mi vida con vos.

No creo que hubiese sido mejor…
Se marcharon a casa y la anciana sacó el cuaderno y leyó la primera hoja.
Lo primero que decía era:
Este es el cuaderno de mis historias, ya olvidadas. Aunque olvide mi nombre, no olvidaré el tuyo…

Por favor, no olvides eso.
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