Mi padre

Ponme la cadenita

marzo 9, 2020

Ponme la cadenita 
En alg√ļn hogar del mundo, esa ma√Īana, como todos los d√≠as, se escuchaban los gritos alterados de un hombre rega√Īando a su hijo:

-Levántate pronto, lávate la cara, los dientes, péinate, ponte la camisa….

Pero ap√ļrate, tienes que ir a clases. ¬ŅSabes qu√©?‚Ķ Ya no hay tiempo para que desayunes, en el camino tomar√°s tu jugo, pero no lo vayas a tirar..¬†

¬ŅQu√© te dije, tonto? Ya te manchaste la camisa. Me tienes harto, nunca aprendiste a hacer bien las cosas.

El chiquillo guardaba silencio, sab√≠a que le pod√≠a ir peor. Estaba tan atemorizado que ni siquiera pod√≠a decirle ¬ępap√°¬Ľ.

En la escuela, constantemente era reprendido por su maestra porque se distra√≠a. Siempre pensando por qu√© no pod√≠a ser feliz como los dem√°s ni√Īos.

Esa tarde al regresar a casa, sin saber por qué, se atrevió a romper el silencio y dijo:

-Hoy me preguntó la maestra en qué trabajas y no supe qué responder.

Yo entreno perros, dijo el hombre.

-¬ŅY para qu√© los entrenas? dijo el ni√Īo.

-Los ense√Īo a ser obedientes, a sentarse, a echarse, a quedarse quietos, a brincar obst√°culos, a no hacer destrozos, cuidar la casa, cuidar y proteger a los ni√Īos, los entreno para trabajar en la polic√≠a, en los bomberos, los entreno para rescatar personas, para salvar vidas localizando explosivos y muchas cosas m√°s‚Ķ

¡Ah! ¡También los entreno para ayudar a caminar a las personas ciegas!

Con mucho interés seguía preguntando:

-¬ŅY les pagan a los perros por hacer todo eso?

Claro que no, dijo él.
A cambio reciben mucho amor, atenci√≥n y cuidados de parte de sus due√Īos o de quienes trabajan con ellos.

‚Äď ¬ŅY c√≥mo logras entrenarlos?¬†

-Es muy sencillo, dijo. Solamente les pongo una cadenita, los llevo a pasear, camino y platico con ellos y poco a poco les voy ense√Īando. Cuando no hacen bien los ejercicios los corrijo firmemente pero sin lastimarlos, despu√©s los acaricio para que sientan que no estoy enojado con ellos! Pero se necesita mucha paciencia!

El peque√Īo, muy emocionado, quer√≠a salir corriendo y platicarle a sus amiguitos lo que acababa de escuchar, pero de pronto‚Ķ.
con ese gesto infantil, caracter√≠stico y natural que hacen los ni√Īos cuando sienten que van a brotar sus l√°grimas, levant√≥ su carita inocente y dijo‚Ķ¬†

-Ponme la cadenita!

Yo también quiero salir a pasear y platicar contigo, quiero aprender muchas cosas de ti, quiero que me corrijas si lo hago mal y después me acaricies para sentir que no estás enojado conmigo.

A cambio yo ser√© un ni√Īo obediente, no te har√© enojar m√°s, no har√© destrozos, cuidar√© la casa, aprender√Č a cuidar a las personas, a salvar vidas‚Ķ

Ah! y si un d√≠a t√ļ quedaras ciego, yo te ayudar√© a caminar!¬†

¬°Por favor, ponme la cadenita, solo tenme paciencia!

El hombre aquel, estalló en un sollozo profundo que le desgarró el pecho. Y al abrazar a su hijo, sintió que de su corazón salía una cadenita que rápidamente se enlazaba con el corazón de su hijo.

¡Era una cadenita con muchos eslabones de amor, de calor humano, de comprensión y mucha paciencia!

El ni√Īo sonri√≥, se acurruc√≥ en su pecho y dijo:¬†

¬°Gracias, Pap√°!

¬ęQue todo lo amable, gentil, tolerantes, cari√Īosos, cuidadosos que podemos ser, lo seamos con los nuestros, hijos, esposo (a) padres, nietos, hermanos, familia, amigos y los que nos rodean y podamos reflejar as√≠ el amor en donde nos movamos¬Ľ.

¬°Bella reflexion!

Autor: Ramón Sánchez Mata.

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