La Familia

La otra mujer

septiembre 20, 2021

La otra mujer
Despu√©s de varios a√Īos de matrimonio, descubr√≠ una nueva manera de mantener viva la chispa del amor.
Desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.

-T√ļ sabes que la amas.

-Me dijo un día, tomándome por sorpresa-.

 

La vida es demasiado corta, debes dedicarle tiempo.‚ÄĚ

-¡Pero yo te amo a ti! -Protesté.

-Lo sé.

Pero también la amas a ella.

La otra mujer, a quien mi esposa quer√≠a que yo visitara, era mi madre, quien era viuda desde hac√≠a 19 a√Īos, pero las exigencias de mi trabajo y mis 3 hijos hac√≠an que s√≥lo la visitara ocasionalmente.

Esa noche la llamé para invitarla a cenar y al cine.

-¬ŅQu√© te ocurre? ¬ŅEst√°s bien?

‚Äď Me pregunt√≥ mi madre.

Ella es el tipo de mujer que una llamada tarde en la noche, o una invitaci√≥n sorpresiva es indicio de malas noticias. -Cre√≠ que ser√≠a agradable pasar alg√ļn tiempo contigo. -Le respond√≠-.

 

Los dos solos.‚ÄĚ Reflexion√≥ sobre ello un momento.

-Me agradaría muchísimo-. Dijo.

Ese viernes mientras conducía para recogerla después del trabajo, me encontraba algo nervioso, era el nerviosismo que antecede a una cita…

Y por Dios, cuando llegué a su casa, advertí que ella también estaba muy emocionada con nuestra cita.

Me esperaba en la puerta con su abrigo puesto, se hab√≠a rizado el pelo y usaba el vestido con que celebr√≥ su √ļltimo aniversario de boda, su rostro sonre√≠a e irradiaba luz como un √°ngel.

-Les dije a mis amigas que iba a salir con mi hijo, y se mostraron muy impresionadas.

-Me comentó mientras subía a mi auto-.

No pueden esperar a ma√Īana para escuchar acerca de nuestra velada.

Fuimos a un restaurante no muy elegante, pero s√≠ acogedor, mi madre se aferr√≥ a mi brazo como si fuera ‚ÄúLa primera dama‚ÄĚ.

 

Cuando nos sentamos, tuve que leerle el men√ļ.

Sus ojos solo veían grandes figuras.

Cuando iba por la mitad de las entradas, levanté la vista, mamá estaba sentada al otro lado de la mesa, y me miraba.

Una sonrisa nost√°lgica se delineaba en los labios.

-Era yo quien le√≠a el men√ļ cuando eras peque√Īo.

-Me dijo. -Entonces es hora de que te relajes y me permitas devolver el favor. ‚Äď Respond√≠.

 

Durante la cena tuvimos una agradable conversación; nada extraordinario, sólo ponernos al día con la vida del otro. Hablamos tanto que nos perdimos el cine.

-Saldré contigo otra vez, pero sólo si me dejas invitar.

-Dijo mi madre cuando la llevé a casa-. Asentí.

-¬ŅC√≥mo estuvo tu cita?

-Quiso saber mi esposa cuando llegu√© aquella noche. ‚Äď

Muy agradable‚Ķ Mucho m√°s de lo que imagin√©. ‚ÄďContest√©.

Días más tarde mi madre murió de un infarto masivo, todo fue tan rápido, no pude hacer nada.

 

Al poco tiempo recibí un sobre con copia de un cheque del restaurante donde habíamos cenado mi madre y yo, y una nota que decía: La cena la pagué por anticipado, estaba casi segura, de que no podría estar allí, pero igual pagué 2 cubiertos, uno para ti y el otro para tu esposa; jamás podrás entender lo que aquella noche significó para mí.

Te amo!

En ese momento comprend√≠ la importancia de decir a tiempo: ‚ÄúTE AMO‚ÄĚ y de darles a nuestros seres queridos el espacio que se merecen; nada en la vida ser√° m√°s importante que Dios y tu familia, dales tiempo, porque ellos no pueden esperar.

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