Semana Santa

EL TRIDUO PASCUAL

abril 13, 2022

EL TRIDUO PASCUAL

El triduo pascual se consideraba como tres días de preparación a la fiesta de pascua; comprendía el jueves, el viernes y el sábado de la semana santa. Era un triduo de la pasión de Cristo.

En el nuevo calendario y en las normas litúrgicas para la Semana Santa, el enfoque es diferente. El triduo se presenta no como un tiempo de preparación, sino como una sola cosa con la pascua. Es un triduo de la pasión y resurrección, que abarca la totalidad del misterio pascual.

Así se expresa en el calendario:

Cristo redimió al género humano y dio perfecta gloria a Dios principalmente a través de su misterio pascual: muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida. El triduo pascual de la pasión y resurrección de Cristo es, por tanto, la culminación de todo el año litúrgico.

Luego establece la duración exacta del triduo:

El triduo comienza el Jueves Santo con la misa vespertina de la cena del Señor, alcanza su cima el Viernes con la celebración de la Pasión de Cristo y cierra con las vísperas del domingo de pascua (Vigilia Pascual en Sábado).

Esta unificación de la celebración pascual es más acorde con el espíritu del Nuevo Testamento y con la tradición cristiana primitiva. El mismo Cristo, cuando aludía a su pasión y muerte, nunca las disociaba de su resurrección.

Esos tres días, que comienzan con la misa vespertina del jueves santo y concluyen con la oración de vísperas del domingo de pascua, forman una unidad, y como tal deben ser considerados. Por consiguiente, la Pascua cristiana consiste esencialmente en una celebración de tres días, que comprende las partes sombrías y las facetas brillantes del misterio salvífico de Cristo.

Es interesante saber que tanto el viernes como el sábado santo, oficialmente, no forman parte de la cuaresma. Según el nuevo calendario, la cuaresma comienza el miércoles de ceniza y concluye el jueves santo, excluyendo la misa de la cena del Señor 1.

El viernes y el sábado de la semana santa no son los últimos dos días de cuaresma, sino los primeros dos días del “sagrado triduo”.

La unidad del misterio pascual tiene algo importante que enseñarnos. Nos dice que el dolor no solamente es seguido por el gozo, sino que ya lo contiene en sí. Jesús expresó esto de diferentes maneras. Por ejemplo, en la última cena dijo a sus apóstoles: “Vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se cambiará en alegría” (Jn 16,20). Parece como si el dolor fuese uno de los ingredientes imprescindibles para forjar la alegría. La metáfora de la mujer con dolores de parto lo expresa maravillosamente.
La resurrección es nuestra pascua; es un paso de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, del ayuno a la fiesta. El Señor dijo: “Tú, en cambio, cuando ayunes, úngete la cabeza y lávate la cara” (Mt 6,17). El ayuno es el comienzo de la fiesta.

El sufrimiento no es bueno en sí mismo; por tanto, no debemos buscarlo como tal. La postura cristiana referente a él es positiva y realista. En la vida de Cristo, y en la cruz, vemos su valor redentor. El crucifijo no debe reducirse a un doloroso recuerdo de lo mucho que Jesús sufrió por nosotros. Es un objeto en el que podemos gloriarnos porque está transfigurado por la gloria de la resurrección.

Nuestras vidas están entretejidas de gozo y de dolor, pero no de sufrimiento. Siempre está Dios vivo en nuestro corazón, quien nos ayuda en toda experiencia dolorosa.

JUEVES SANTO

El Jueves Santo se conmemora la Institución de la Eucaristía en la celebración de los Santos Oficios. Como se sabe, un jueves se dio la última cena de Jesús con los 12 apóstoles, donde compartió el pan y el vino antes de su muerte. Este acto se considera como la introducción de la Eucaristía, donde Cristo deja su cuerpo y sangre.

Ese mismo día, por la tarde, se rememora la agonía y oración de Jesús en el huerto de olivos, la traición de Judas y el prendimiento de Jesús.

Ahora en la Iglesia Católica el Jueves Santo se celebra como un Día del Amor Fraterno pues Dios amó tanto a los suyos que dio a su Hijo Único para que salve a todos del pecado, de la idea de que estamos separados de Dios.

VIERNES SANTO

Es un día de duelo, en donde es importante fomentar el espíritu reflexivo. El silencio externo e interno para entender el infinito amor de Jesús, acompañar su dolor con el Viacrucis o meditando con sus últimas siete palabras.

El Viernes Santo “celebramos la muerte de Jesús, quien ha muerto por cada uno de nosotros y por toda la humanidad para reconciliarnos con el Padre”. Es decir, celebramos el amor extremo, divino, capaz de pagar el rescate más caro -la vida del Hijo- para salvarnos. Esto tiene tremendas implicaciones para nuestra vida diaria: Por Cristo, las puertas que se habían cerrado por nuestros errores, por alejarnos del camino de amor, han sido abiertas de nuevo para nunca jamás cerrarse.

Es importante, entonces, interiorizar el hecho de que Jesús se entregó en la Cruz por cada uno, de manera personal, por mí, por tí y no de manera “masiva”. Existe la necesidad de comprender que la Cruz es un signo de victoria: por la Cruz “muere la muerte”, porque por ella muere el pecado y sus consecuencias; muere nuestra propia muerte y podemos vivir en el amor divino.

SÁBADO SANTO
El Sábado Santo es la conmemoración de Jesús en el sepulcro y su descenso al abismo. Esta jornada cierra el Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Sábado Santo).

Antiguamente, este día se solía llamar ‘Sábado de Gloria’, pero la reforma litúrgica de la Semana Santa acometida por el Papa Pío XII (encargada en 1955 a Monseñor Annibal Bugnini) la denominó como Sábado Santo únicamente.

El Sábado Santo rememora especialmente a María tras la pérdida de su hijo, por lo que es un día de dolor y tristeza, destinado al silencio, luto, y reflexión, así como lo hicieron en el sepulcro María y los discípulos. Durante esta jornada, la comunidad cristiana vela junto al sepulcro en silencio.

Dado que no puede celebrarse ningún rito oficial, se suelen realizar retiros espirituales y las iglesias permanecen abiertas para que los sacerdotes atiendan confesiones.

VIGILIA PASCUAL
Cuando anochece este día, tiene lugar la principal celebración cristiana del año: la Vigilia Pascual. Este acto se realiza durante la noche previa al Domingo de Resurrección y es un momento para regocijarse por la resurrección de Jesús. Se bendice el agua y el cirio como símbolo de luz y vida eterna.

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