La felicidad

El sacramento de la sonrisa

mayo 22, 2015

 

EL SACRAMENTO DE LA SONRISA

Si yo tuviera que pedirle a Dios un don, un solo don, un regalo celeste, le pediría, creo que sin dudarlo, que me concediera el supremo arte de la sonrisa. Es lo que más envidio en algunas personas. Es, me parece, la cima de las expresiones humanas.

Hay, ya lo s√©, sonrisas mentirosas, ir√≥nicas, despectivas y hasta √©sas que en el teatro rom√°ntico llamaban ¬ęrisas sard√≥nicas¬Ľ. Son √©sas de las que Shakespeare dec√≠a en una de sus comedias que ¬ęse puede matar con una sonrisa¬Ľ. Pero no es de ellas de las que estoy hablando. Es triste que hasta la sonrisa pueda pudrirse. Pero no vale la pena detenerse a hablar de la podredumbre.

Hablo m√°s bien de las que surgen de un alma iluminada, √©sas que son como la crester√≠a de un rel√°mpago en la noche, como lo que sentimos al ver correr a un corzo, como lo que produce en los o√≠dos el correr del agua de una fuente en un bosque solitario, √©sas que milagrosamente vemos surgir en el rostro de un ni√Īo de ocho meses y que algunos humanos -¬°poqu√≠simos!- consiguen conservar a lo largo de toda su vida.

Me parece que esa sonrisa es una de las pocas cosas que Adán y Eva lograron sacar del paraíso cuando les expulsaron y por eso cuando vemos un rostro que sabe sonreír tenemos la impresión de haber retornado por unos segundos al paraíso. Debe de ser, por ello, muy fácil enamorarse de gentes o personas que posean una buena sonrisa. Y ¡qué afortunados quienes tienen un ser armado en cuyo rostro aparece con frecuencia ese fulgor maravilloso!

Pero la gran pregunta es, me parece, c√≥mo se consigue una sonrisa. ¬ŅEs un puro don del cielo? ¬ŅO se construye como una casa? Yo supongo que una mezcla de las dos cosas, pero con un predominio de la segunda. Una persona hermosa, un rostro limpio y puro tiene ya andado un buen camino para lograr una sonrisa fulgidora. Pero todos conocemos viejitos y viejitas con sonrisas fuera de serie. Tal vez las sonrisas mejores que yo haya conocido jam√°s las encontr√© precisamente en rostros de monjas ancianas: la madre Teresa de Calcuta y otras muchas menos conocidas.

Por eso yo diría que una buena sonrisa es más un arte que una herencia. Que es algo que hay que construir, pacientemente, laboriosamente.

¬ŅCon qu√©? Con equilibrio interior, con paz en el alma, con un amor sin fronteras. La gente que ama mucho sonr√≠e f√°cilmente. Porque la sonrisa es, ante todo, una gran fidelidad interior a s√≠ mismos. Un amargado jam√°s sabr√° sonre√≠r. Menos un orgulloso.

Un arte que hay que practicar terca y constantemente.

Aprender en la vida, dejando que la alegría interior vaya iluminando todo cuanto a diario nos ocurre e imponiendo a cada una de nuestras palabras la obligación de no llegar a la boca sin haberse chapuzado antes en la sonrisa.

Y es que en toda sonrisa hay algo de transparencia de Dios, de la gran paz. Por eso me he atrevido a titular este comentario ha- blando de la sonrisa como de un sacramento. Porque es el signo visible de que nuestra alma est√° abierta de par en par.

Autor: Jose Luis Martin Descalzo.

 

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