Los hijos

Aprende a poner límites

febrero 11, 2022

Aprende a poner límites
‚Äď Usted no sabe nada, doctor. ‚Äď me dijo un se√Īor muy enojado ‚Äď ¬°Qu√© ponga l√≠mites! me dice, como si fuera tan f√°cil. Es imposible por las buenas. El ni√Īo pesa 50 kilos, su mam√° no puede con √©l. Es grosero, nos reta y nada m√°s entiende a golpes‚Ķ
‚Äď Y al a√Īo de edad, ¬ŅCu√°nto pesaba?

Si quieres empezar a poner límites cuando tu angelito pese 50 kilos, entonces este padre desesperado que me increpa porque yo no sé nada, tendrá toda la razón. Será imposible por las buenas.

Le festejabas al a√Īo de edad la gracia de pegarle a los dem√°s. Aplaud√≠as sus groser√≠as porque te sonaba chistoso escuchar improperios en su media lengua de ni√Īo de tres a√Īos, te parec√≠a gracioso que a los cuatro a√Īos rompiera la vajilla de sus t√≠os al arrojar los platos como ‚Äúfrisbies‚ÄĚ, te vanagloriabas cuando golpeaba al vecinito y te enorgullec√≠as si humillaba a sus maestros.
Ahora a los trece, ni t√ļ puedes con √©l, te rasgas las vestiduras y no entiendes por qu√© te reta, te desobedece, te ofenda y te levanta la mano. Y quieres responder a golpes.

Seguir√° creciendo y ni a golpes lo detendr√°s. Empezaste mal y continuaste peor. Yo no puedo ayudarte. B√ļscate un psic√≥logo familiar, un buen pedagogo, un psiquiatra‚Ķ d√©jales a ellos la dif√≠cil tarea de enderezar lo que t√ļ desde el principio torciste.

Cuando ten√≠a dos a√Īos era facil√≠simo impedir que lastimara a los dem√°s, pesaba doce kilos y pod√≠as detenerlo sin usar violencia, pero no te import√≥, porque no te importaban los dem√°s.
Pod√≠as haber pensado que a la ni√Īa que lleg√≥ de visita no le gustaba que le jalaran el pelo, pero a ti te pareci√≥ divertido. Pod√≠as haber detenido a tu beb√© dici√©ndole con cari√Īo que eso no se hace y pod√≠as explicarle que a la nena le duele, pod√≠as poner l√≠mites, pero no. Poco a poco le fuiste ense√Īando que lastimar est√° bien.
Aquel domingo, cuando se par√≥ frente a la pantalla tap√°ndote el gol que meti√≥ tu equipo de futbol, le diste un zape para que se quitara. Llor√≥, pero no te import√≥, porque quer√≠as celebrar la victoria de unos futbolistas a quienes por cierto, les importas un bledo y al ni√Īo para quien eras todo, lo humillaste. Ah√≠ le lastimaste el alma y le ense√Īaste a golpear.

Cuando ten√≠a siete era sencillo apoyar al maestro que lo reprendi√≥, no necesitabas golpes, con darle la raz√≥n al profesor y apoyarlo con palabras hubiera bastado, pero‚Ķ ¬°Ah! Pobre de ese maestrillo si se met√≠a con tu angelito, ¬Ņverdad? Hasta lo amenazaste con el pu√Īo y al ni√Īo le ense√Īaste a ser irresponsable y prepotente.

Te vanaglorias del ‚Äúgolpe a tiempo‚ÄĚ y te burlas de esas tonter√≠as de ‚Äúcrianza respetuosa‚ÄĚ, pero, ¬Ņsabes qu√©? El que no sabe nada eres t√ļ.

No soy psicólogo y no necesito serlo para decirte qué si no pones límites desde el principio, no podrás hacerlo después.
En ning√ļn momento de la crianza necesitar√°s golpes si act√ļas a tiempo y sin ego√≠smo.

¬°Saludos!
Dr. Alberto Estrada

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