Hígado querido
Te hablo con amor y gratitud.
Eres un órgano maravilloso y leal, que trabaja sin descanso para purificarme, mantener mi sangre limpia y darme una vida saludable.
Te veo, te siento y ahora te envío energía de sanación y luz.
Sé que has estado cargando mucho por mí, almacenando emociones acumuladas durante años.
Veo tu esfuerzo y quiero aliviarte.
Te libero de esta carga.
Toda la ira, las decepciones y las tensiones que te han pesado ahora se lavan como un río que fluye.
Libero la culpa que ha pesado sobre ti.
No hay necesidad de aferrarse al dolor del pasado, me abro completamente a la sanación.
Te permito respirar, relajarte y ser ligero como un río en movimiento.
Te pido perdón por todo lo que he puesto en ti sin prestar atención.
Por los alimentos que no te beneficiaron, por las toxinas que te sobrecargaron, por los pensamientos y emociones que crearon bloqueos en ti. Sé que eres capaz de sanar, y estoy aquí para ayudarte.
Desde hoy, elijo tratarte con respeto y darte lo que realmente necesitas.
Elijo alimentos puros, elijo el movimiento, elijo introducir en mi cuerpo solo aquello que me fortalece.
Hígado querido, eres sabio y extraordinario.
Cada célula dentro de ti se está renovando, cada célula se está limpiando e iluminando.
La circulación sanguínea se vuelve clara, tu sistema de filtración de toxinas funciona perfectamente y devuelves ligereza, vitalidad y fuerza a mi cuerpo.
Te lleno con la luz del Creador, infundo en ti nueva vida.
Te envío oxígeno puro, sangre renovada, una nueva conciencia.
Te limpias, te sanas y te llenas de energía pura de salud.
Cada célula de mi cuerpo coopera contigo, cada sistema de mi ser se une a ti en este proceso.
Siento cómo mi energía se renueva, cómo todos mis órganos se sienten más fuertes y saludables gracias a ti.
Desde hoy, cuido de ti con amor y comprensión.
Bebo agua pura, elijo alimentos que te nutren, te doy tiempo para descansar y renovarte.
Eres un órgano de crecimiento, de procesos profundos de limpieza.
Confío en ti.
Creo en tu poder. Veo cómo te liberas de todo lo que te ha pesado, y te bendigo con sanación completa.
Hígado mío, eres como un río que sigue fluyendo, siempre purificándose, siempre renovándose.
Te permito fluir sin bloqueos, sin esfuerzo.
Todo lo que te detenía desaparece ahora, todo lo que te bloqueaba en el pasado se libera completamente.
Mi cuerpo es un templo de salud, y tú eres una parte esencial de él.
Te agradezco por todo lo que haces por mí. Te envío amor, luz, fuerza y equilibrio. Sé que me escuchas, y veo cómo respondes a mí.
Estoy lleno de nueva energía, todos mis órganos trabajan en perfecta armonía.
Estoy vivo, estoy sano, soy fuerte.
Gracias, hígado querido, por toda la sanación que traes a mi vida.
Cuando el hígado está limpio, el cuerpo está limpio.
Cuando el corazón es liviano, la sangre fluye con facilidad.
Suelto, sano y me renuevo.




