Para tu crecimiento

NO TE FALLES

diciembre 11, 2016

Hace un par de día atrás, revisaba facebook para ver si tenía alguna novedad y me encontré
 con la siguiente cita en el estado de uno de mis cyber amigos: “Pregúntale al niño que fuiste, 
si te has convertido en el adulto que siempre quisiste ser”. 

Cuando lo leí, recordé inmediatamente un ejercicio que siempre me he invitado a hacer.
Todos tenemos fotos de cuando éramos pequeños, ¿verdad? 

Lo más probable es que esas mismas fotos las hayamos escondido cuando llevábamos a nuestras citas a la casa, 
por temor a que nuestra madre o padre sacara el aterrador álbum de fotos. 

Bueno, ahora esas fotos pueden tener una utilidad muy práctica.
Cuando somos niños somos maravillosamente ingenuos. 

Cuando somos adolescentes nos creemos invencibles y cuando nos vamos convirtiendo en adultos, 
ambas cosas se van perdiendo para hacerse cargo de “las cosas de grande” que llegan a nuestra vida. 

Pero hay sueños que no deberían irse con nuestra niñez o adolescencia; hay sueños que deberían durar POR SIEMPRE.
Cada uno de nosotros soñó con ser, hacer o tener algo en su vida.

 Cada vez que cumplíamos años sentíamos que estábamos más cerca y cuando empezaron a añadirse velas 
en nuestro pastel de cumpleaños y veíamos que estábamos en el mismo lugar, ese sueño parecía más lejano, 
llegando incluso, a ser extraño para nosotros. 

Nos cansamos. Nos cansamos de perseguir ese sueño y lo justificamos con que ese fue un sueño infantil, 
inmaduro y producto de la espumante adolescencia. 

Ya no hay pasión por vivir. 
Ya no hay novedad. 
Ya no hay meta.

Cuando esta situación ocurra, toma una de tus fotos de niño. 
Mírate, reconócete y conéctate con los sueños y planes que tenías a esa edad; tal vez muchos de ellos 
eran tener algún juguete o comer una determinada cosa, pero anda más allá,
 conéctate con el sentimiento de desear algo con toda la fuerza de tu ser y de sentir que nada era imposible, 
que con solo quererlo ya lo ibas a obtener. 

No le falles a ese niño que soñó con tantas cosas, a ese niño con hambre de soñar, de aprender, de vivir…
No te falles a ti mismo negándote la oportunidad de sorprenderte de ti por las cosas que eres capaz de hacer.

Es cierto, la lógica indica que las cosas hay que verlas para creerlas, pero muchas veces también, 
se necesita CREER para VER los sueños cumplirse.

Porta siempre una foto tuya de pequeño, para que cuando estés lejos de ese soñador que eres, 
vuelvas a conectarte y a encontrarte cara a cara con la única persona a la que no le tienes que fallar nunca: Tú mismo.
Autora: Poly Toro

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