Oraciones y Festividades de Santos y Virgenes

NOVENA A LA VIRGEN DE GUADALUPE

diciembre 4, 2015

Oración inicial para todos los días:
Oh Virgen de Guadalupe, Madre de Dios y Madre nuestra, que te dignaste hablar a tu siervo Juan Diego con estas tiernas palabras:
“Hijito mío, que no se turbe tu corazón…no temas…¿No estoy aquí Yo que soy tu Madre?¿No estás acaso bajo mi protección y amparo?”
Llenos, pues, de confianza con estas palabras venimos hoy a tus plantas para pedirte que nos concedas todas las gracias que necesitamos y que deseamos obtener de tu bondad en esta novena. Por Cristo nuestro Señor.

Primer día

Reflexión:

El sábado 9 de diciembre de 1531 iba Juan Diego, como de costumbre, desde Cauhtitlán a Tlatelolco, cerca de la ciudad de México, para asistir a la misa sabatina de la Inmaculada y también a la doctrina que se impartía en el templo ahí establecido. Al pasar muy de madrugada por el cerrillo llamado Tepeyac oyó de pronto un coro de cantos muy suaves y deleitosos, como venidos de otro mundo y, en seguida, una voz meliodosa que le llamaba afectuosamente: “Juanito, Juan Dieguito”…
Corrió inmediatamente hacia el lugar de donde parecía salir la voz. Y allí estaba. Era la Virgen María que venía de parte de Dios con un mensaje para nuestro pueblo y de Juan Diego fue el primero en recibir con fe y amor. Dios sigue llamándonos también a nosotros por medio de la Virgen Guadalupe. Respondamos con generosidad a su llamado.

Aclamaciones a la Virgen de Guadalupe

Aclamemos con amor a nuestra Madre de Guadalupe pidiéndole también su ayuda:

– Bendita seas, oh Virgen de Guadalupe, porque nos regalaste tu propia imagen y quisiste quedarte con nosotros para ser nuestro modelo y conducirnos a Cristo, Camino, Verdad y Vida para todos los hombres.

Rezar un Ave María.

– Bendita seas, oh Virgen de Guadalupe, porque quisiste quedarte en medio de nosotros para demostrarnos todo tu amor y compasión y ser nuestro auxilio y defensa en todas nuestras necesidades.

Rezar un Ave María.

– Bendita seas, oh Virgen de Guadalupe, porque quisiste quedarte con nosotros para ser nuestra piados Madre, oír nuestros lamentos y remediar todas nuestras miserias, penas y dolores.

Rezar un Ave María.

Oración final para todos los días:

Oh Virgen de Guadalupe, “Madre del verdadero Dios por Quien se vive”,
aquí estamos a tus pies para recordarte una vez más la gran promesa que hiciste a tu siervo Juan Diego de escuchar siempre nuestras súplicas y remediar todas nuestras necesidades.

Te rogamos pues, Madre nuestra que seamos fieles a nuestra fe y la vivamos;
que en cada uno de nosotros reine siempre Cristo y le sigamos;
que haya paz en nuestras familias;
que puedan ver la eficacia de tu misericordia todos los que,
en medio de sus sufrimientos, se encomiendan a Ti;
que imitemos fielmente todas tus virtudes;
que crezca constantemente nuestro amor y confianza en Ti;
y que, por fin, nos alcances de Dios lo que especialmente queremos conseguir de tu bondad en esta novena.
Así sea.

Segundo día

Rezar la oración inicial para todos los días.

Reflexión:

El relato sencillo de las Apariciones de nuestra Señora de Guadalupe nos cuenta así el primer momento del encuentro de Juan Diego con la Virgen:
“Cuando llegó a la cumbre del cerrito vio una Señora que estaba allí de pie y que le dijo que se acercara. Llegado a su presencia se maravilló mucho de su sobrehumana hermosura;
Su vestido era radiante como el sol; la roca sobre la que posaba sus pies semejaba una ajorca de piedras preciosas, y relumbraba la tierra como el arcoíris. Entonces Ella con palabras muy dulces y llenas de ternura le dijo: “Pequeñito mío, Juan, óyeme, ¿a dónde vas?”

El respondió: “Señora y niña mía, tengo que llegar a tu casa de México-Tlatilolco, a seguir las cosas divinas, que nos dan y enseñan sacerdotes, delegados de nuestro Señor”. Estas palabras de Juan Diego tienen un gran mensaje para nosotros hoy. ¿Nos preocupamos de “las cosas divinas y de la enseñanza religiosa”, como él? ¿Amamos y respetamos a la Iglesia y a nuestros sacerdotes, como él? Meditémoslo.

Rezar las aclamaciones y la oración final.

Tercer día

Rezar la oración inicial para todos los días.

Reflexión:

La Virgen de Guadalupe se presenta a Juan Diego en su primera aparición y se identifica con estas palabras:

“Estame atento, hijito mío y óyeme: Yo soy la siempre Virgen María, Madre del verdadero Dios por quién todo vive”.

Estas palabras contenían un mensaje inmediato e importantísimo para nuestro pueblo y para todos los pueblos de América en aquellos momentos.

Era la invitación cariñosa que hacía Dios a los pueblos indígenas por medio de la Virgen para que se convirtieran a la religión cristiana.

Era un modo maravilloso de facilitar el paso de la idolatría a la fe en el Dios único y verdadero, el Dios Amor, Padre de nuestro Señor Jesucristo y Padre de todos los hombres.

Juan Diego así lo entendió y lo aprovechó para entrar de lleno en la nueva religión anunciada por los misioneros de Cristo. Y nosotros ¿hemos respondido con la misma generosidad al llamado de nuestra?

Rezar las aclamaciones y la oración final

Cuarto día

Rezar la oración inicial para todos los días

Reflexión:

Nuestra Señora de Guadalupe no solo nos invitó por medio de Juan Diego a convertirnos al único Dios verdadero y a pertenecer a la religión de Cristo sino que también, sirviéndose del mismo Juan Diego,
nos pide que le levantemos un Templo en el mismo lugar de su aparición.

“Deseo vivamente, le dice la Virgen, que se me erija aquí un templo”…
El Templo que pide la Virgen es ciertamente un Templo material y nuestro pueblo se lo ha levantado muchas veces, no solamente en el lugar que Ella señala sino en todos los pueblos de nuestra patria;

Sin embargo el Templo que Ella desea sobre todo, como constantemente nos enseñan nuestros obispos y sacerdotes, es un Templo espiritual,
aquel que es fruto de la fe y de una vida profundamente cristiana,
ya que sin éste el primero no tendría ningún valor.
Y nosotros ¿se lo hemos construido a nuestra Madre en nuestro corazón?
Meditémoslo.

Rezar las aclamaciones y la oración final

Quinto día

Rezar la oración inicial para todos los días.
Reflexión:

Después de haber manifestado la Virgen a Juan Diego el deseo de que se le construyera un Templo en el mismo lugar de su aparición, le expresa también con palabras llenas de cariño la finalidad de esta petición:

“Deseo vivamente que se me erija aquí un Templo, para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa Madre, a ti, a todos juntos los moradores de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en Mí confíen; oír sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores”.

Con estas palabras la Virgen quiere darnos a conocer que Ella viene para ofrecernos todo el poder mediador que Dios le ha otorgado a favor de todos los hombres sobre todo de los más pobres y necesitados.
Y nosotros ¿hemos puesto siempre en ella toda nuestra confianza y nuestro amor?
Meditémoslo.

Rezar las aclamaciones y la oración final

Sexto día

Rezar la oración inicial para todos los días.

Reflexión:

Después de haber explicado la Santísima Virgen a Juan Diego la finalidad del Templo que pedía se le levantara en el lugar en que se le apareció, siguió hablándole y le dijo:

“Para realizar lo que mi clemencia pretende, ve al palacio del obispo de México y le dirás cómo yo te envío a manifestarle lo que mucho deseo: que aquí en el llano me edifique un Templo; le contarás puntualmente cuanto has visto y admirado, y lo que has oído.

Ten por seguro que lo agradeceré y lo pagaré, porque te haré feliz y merecerás mucho que yo recompense el trabajo y fatiga con que vas a procurar lo que te encomiendo”.
De esta manera la Virgen por medio de Juan Diego nos recordaba las enseñanzas del Evangelio de que nuestra vida la debemos poner totalmente al servicio de Dios y del prójimo, aunque a veces nos resulte muy molesto, pues nada de lo que realicemos por El quedará sin recompensa.
Meditémoslo.

Rezar las aclamaciones y la oración final.

Séptimo día

Rezar la oración inicial para todos los días.

Reflexión:

Dos fueron las visitas inmediatas que Juan Diego tuvo que realizar al Obispado para cumplir con el deseo de la santísima Virgen y, en ambas, se sintió humillado y fracasado por el rechazo normal por parte de las autoridades eclesiásticas.

Ante la negativa natural de Juan Diego para continuar su misión, la Virgen no sólo no le abandonó sino que le animó con estas hermosas palabras:

“Ten entendido, hijo mío el más pequeño, que son muchos mis servidores y mensajeros, a quienes puedo encargar que lleven mi mensaje y hagan mi voluntad; pero es de todo punto preciso que tú mismo solicites y ayudes y que con tu mediación se haga mi voluntad”.

Dos cosas nos admiran en este diálogo y en la actitud de la Virgen con Juan Diego.

Una es el respeto a la dignidad de la persona humana por parte de nuestra Señora para con Juan Diego, y otra su amor y su misericordia con los pobres.
Y nosotros
¿hemos aprendido a respetar a todos y a ayudar a todos los que sufren?.
Meditémoslo.

Rezar las aclamaciones y la oración final.

Octavo día

Rezar la oración inicial para todos los días.

Reflexión:

Después de la tercera aparición, cuando Juan Diego iba a México para buscar a un sacerdote que viniera a confesar a su tío Bernardino que se encontraba desahuciado por los médicos y en estado de suma gravedad, la Santísima Virgen le salió al encuentro en el camino y le habló así:

“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige, no se turbe tu corazón, no temas esa enfermedad, ni otra alguna enfermedad y angustia.

¿No estoy aquí que soy tu Madre? ¿Y no estás bajo mi sombra?
¿No soy Yo tu salud?¿No estás por ventura en mi regazo?
¿Que más has menester?”

Este es el centro del mensaje guadalupano. Las Madre de Dios es nuestra Madre, y ha venido a nuestra tierra para ayudarnos en todas nuestras necesidades y problemas.
Alegrémonos y correspondamos a todos sus beneficios comportándonos como hijos suyos.

Rezar las aclamaciones y la oración final.

Noveno día

Rezar la oración inicial para todos los días.

Reflexión:

El señor Obispo de México le exigió a Juan Diego que le pidiera una señal a la Virgen como prueba de que todo lo que él decía era verdad.

La Virgen después de haberlo consolado con la curación milagrosa de su tío Bernardino, le mandó que subiera al cerro del Tepeyac y cortara todas las flores que viera y las bajara.

Cuando Juan Diego se las presentó en su ayate la Virgen las cogió con sus manos, las dejó otra vez en su lugar y le dijo:
“Hijo mío el más pequeño, esta diversidad de rosas es la prueba y señal que llevarás al obispo. Le dirás en mi nombre que vea en ella mi voluntad y que él tiene que cumplirla”.

Así lo hizo Juan Diego. Llegó a la presencia del señor Obispo y al extender su manta para enseñarle las rosas apareció de repente la preciosa imagen de la siempre Virgen María tal como la tenemos hoy.

Amémosla pues siempre y nunca la entristezcamos con nuestra mala conducta.
Seamos siempre fieles a Dios, a Cristo y a la Iglesia.

Rezar las aclamaciones y la oración final.

 

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