Lecciones de vida

LA FUERZA DE UN ABRAZO

junio 20, 2016

Él despertó indispuesto e irritado. 
Sus pensamientos luego se volvieron hacia la oficina acordándose de los problemas aún sin solución 
y del tránsito que tendría que enfrentar. 

Se quedó aún más encolerizado.
Rápidamente tomó un poco de café, se despidió de la esposa 
y seguía hacia la puerta cuando escuchó aquella voz aun soñolienta que le habló con cariño y dulzura: ¡Papá, espérame!
Él se detuvo y se volvió. 
Allí estaba su hijita de 5 años, de pijama, brazos abiertos para darle un abrazo.
Dejando su maletín de trabajo en el suelo, se inclinó y la cogió, demostrando prisa.

Ella se acercó a su pecho en un fuerte y largo abrazo y besándole dijo: Todas las noches agradezco al Padre del Cielo así: 
“Gracias Padre del Cielo por todo. 
Pero, mucho más por haberme regalado un padre y una madre que me aman.”

Le dio un besito y un abrazo más, diciéndole: Te amo mucho. 
Chao. 
Hasta un rato más. 
Me quedaré aquí esperándote.

Aquel momento, aquel abrazo y aquel beso tuvieron el efecto de una descarga eléctrica muy fuerte traspasándole de la cabeza a los pies.
Se fue, irradiando alegría por todos los poros.
 Parecía caminar en las nubes. 
Cambiara totalmente su estado mental. 
Ya no era el mismo.

En el tránsito, condujo con gran cortesía y paciencia, compartiendo su alegría.
Cuando llegó al edificio de la oficina, saludó al guardia del estacionamiento con sinceridad.

Entró al ascensor cediendo el paso a los que allí estaban y sonriente deseó un auténtico buen día a todos.
Como no lo hacía desde mucho tiempo, entró a la oficina con una gran sonrisa en el rostro 
y saludó a cada uno de los empleados con un apretón de manos.

Fue a la oficina de su jefe, pidió permiso y entró. 
Se dirigió hacia él, apretó sus manos y lo abrazó.

Después, mirándolo dijo: Hace tiempos quiero hablarle dos cosas: la primera, 
es que le estoy muy agradecido por la oportunidad que me concedió al contratarme en su empresa.

La otra, es que aprendí a dedicarle más allá del respeto de un funcionario hacia su jefe, 
una gran amistad y reconocimiento por su manera leal de actuar conmigo y hacia los demás.

Antes que su jefe se recuperase de la buena sorpresa, concluyó: En este momento estoy transfiriéndole un poco 
de la alegría que mi hijita me entregó hoy, antes que yo saliese de casa.
Ambos sonrieron. 
Nada más hablaron. 
Se encaminaron hacia sus quehaceres del día. 
Los dos ya no eran más los mismos.

La fuerza de un abrazo con cariño y fraternidad puede transformar el mundo, 
empezando por transformar su día o el día de alguien para mejor.
¿Hace mucho que no abrazas a tu hijo?
 ¿Cuánto tiempo hace que no abrazas a tu esposa o a tu esposo, como quien abraza a un dedicado amigo o a una dedicada amiga?

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