Aprendizaje de vida

EL GLOBO AZUL

agosto 24, 2015

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Hoy es mi cumpleaños número 66 y he sido un hombre feliz desde aquel día en que ese globo azul me enseñó a serlo en cada paso de mis días para ponerlo en práctica en este mágico viaje, que es la vida misma.

Era un día soleado en el parque, era mi cumpleaños número 5 y mi madre me compro un globo azul al que siempre que íbamos yo miraba deseoso de tenerlo cerca mío y el día de mi cumpleaños llego ese globo azul a mis manos.

Mi corazón latió fuerte al ver a mi madre pagar por él y sin preludio alguno pasarlo a mi mano, tal vez para ella era tan solo un globo inflado con helio de los tantos que venden en los parques del mundo, pero para mí, era mi tan ansiado globo azul. No recuerdo mucho como siguió el día y el resto de los eventos de festejos, pero yo me sentía completo y ampliamente feliz al sujetar de mi mano a mi bello globo azul.

Recuerdo que durante las noches lo despedía mientras él me miraba flotando contra el techo de mi habitación y juntos nos dormíamos, para al día siguiente ser cómplices y testigos de grandes aventuras juntos, hasta recuerdo que varias veces vino conmigo al aula del jardín, realmente me sentía muy feliz con su compañía y no pensaba nunca de él separarme; mi amigo azul era lo que me hacía feliz a diario.
Un día de verano mi globo azul, decidió salirse por la ventana de la habitación a dar un paseo, al verlo irse, corriendo baje las escaleras de casa y salí como rayo afuera para agarrarlo, pero lo vi muy alto y llevado velozmente por el viento, entonces tome mi bicicleta y emprendí la persecución.

El globo azul se alejaba, mi corazón se anudaba al ver como mi felicidad se alejaba y mis ojos llenos de lágrimas, se preguntaban qué será de mí en su ausencia y más fuerte yo pedaleaba siendo que solo tenía dos días tan solo de andar sin mis rueditas laterales en la bicicleta, pero debía alcanzar a mi globo azul y caerme no era una opción en mi mente. Recorrí unas diez cuadras por sobre la calle al advertir que jamás había bajado de la vereda por temor al tránsito y a los perros sueltos que había en el vecindario.

Sentía que mi corazón solo latía por el pedalear, ya que mi tristeza era inmensa y me sentía morir al no poder alcanzar a mi amado globo azul el que cada vez más y más se alejaba de mi quitándome esa felicidad que tanto me brindaba ya que yo era un niño más bien cerrado o introvertido, de muy poca sociabilidad con el resto, cosa que justamente me sorprendió en aquella persecución, porque niños y niñas y hasta mayores amigos de mis padres me saludaban al verme pasar raudamente en mi bicicleta sin yo entender porque lo hacían.

De repente me di cuenta que había recorrido un largo camino, atravesé muchos paisajes, cuadras interminables y desconocidas de mi vecindario, me saludo mucha gente y sin decir que toda la persecución la hice sobre la calle sumado a que fue sin rueditas laterales que me sostuvieran, en ese mismo instante la vida hizo su magia.

Deje de pedalear, hasta que me detuve viendo como mi globo azul se alejaba en el horizonte, mi felicidad ya distante de mí, observe a mi alrededor y advertí el recorrido que había hecho en persecución de mi felicidad embarcada en ese globo, las personas que me saludaron y a las que no les devolví mi saludo, lo valiente que fui de ir por la calle, con perros sueltos y tránsito, los paisajes que atravesé y que no disfrute ni sus colores ni sus aromas, por correr ciego detrás de esa felicidad perdida y arrancada de mi lado.

Fue un instante de silencio, de magia, todo se aquieto y de pronto ese bello globo azul, se hizo presente delante mío, como posando su hilo sobre mi mano, para que yo lo vuelva a poseer a mi lado, pero él me miro y con una sonrisa de esas que se dan en las ultimas despedidas, me dejo su bella enseñanza, antes de partir libremente confundiéndose en lo azul del cielo, diciéndome: “LO IMPORTANTE NO ES ALCANZAR LA FELICIDAD, SINO EN QUIEN TE TRANSFORMAS DURANTE EL CAMINO, SIN DEJAR DE DISFRUTAR EL VIAJE EN ESTA BELLA VIDA”.

En ese momento pude sentir que la felicidad se encuentra tras cada paso de este camino, bien disfrutado y sentido con el corazón, sin miedos, con coraje de vivir, permitiéndose conocer otras personas, involucrarse con el otro desde el ser y el amor, saludarse, abrazarse desde el alma, mirarse a los ojos, sentir cada paso como el primero y el ultimo, valorar el presente, no vivir para permanecer, sino vivir para estar presente y así llevo vividos 61 años, viviendo para estar presente en cada día de mi vida, gracias a ese bello amigo azul que a los 5 años me enseñó a ser feliz por mí y que la felicidad es mía, nace de lo que yo elija hacer y de como decida vivir las cosas que la vida me brinda.
Shaamtti Sadhaka

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