Actitud

EL ESPEJO MÁGICO

enero 8, 2018

Había una vez una niña lista y rica, que tenía prácticamente de todo, así que sólo le llamaba la atención viajar a diferentes lugares para comprar los objetos más raros y curiosos.

Eso fue lo que encontró en una visita que hizo a la India, un antiguo espejo, convenciendo a sus padres para que lo compraran a su dueño, un misterioso anciano.

Cuando regresó a su casa y se vio reflejada en el espejo, tuvo la sensación de que su cara se veía muy triste, así que delante del espejo empezó a sonreír, a hacer muecas, pero su reflejo seguía estando triste.

Extrañada, la niña Lety Castro fue a comprar golosinas, y muy contenta regresó a verse en el espejo para ver la expresión de su cara, pero su reflejo seguía triste.

Consiguió toda clase de juguetes y objetos que le gustaban, pero aun así no dejó de verse triste en el espejo, así que, decepcionada, lo abandonó en una esquina de su cuarto. “¡Vaya que espejo más raro! ¡es la primera vez que veo un espejo mal hecho!”.

Ya sin interesarse en el espejo, esa misma tarde salió a la calle para jugar y comprar unos juguetes, pero cuando iba hacia el jardín principal de la ciudad, se encontró con un niño pequeño que lloraba triste y desconsolado.

Lloraba tanto y lo vio tan solito, que se acercó a preguntarle para que le dijera por que lloraba.
El pequeño le contó que se había perdido y no encontraba a sus papás, y juntos se pusieron a buscarlos.

Como el niño no paraba de llorar, la niña Lety le compró unos dulces para animarlo…
Tras mucho caminar, terminaron encontrando a los padres del pequeño, que ya lo andaban buscando y estaban preocupadísimos buscándolo.

La niña Lety, al ver que el niño ya había encontrado a sus padres, se despidió de él y siguió camino al jardín, pero al ver lo tarde que se le había hecho, resolvió mejor regresar a su casa, sin haber llegado a jugar, sin juguetes y sin dinero pues lo había gastado en el niño perdido.

Ya en su casa al llegar a su habitación, le pareció ver un brillo que venía del rincón en que había abandonado el espejo iluminando la habitación entera.

Y al mirarse en él, descubrió que su cara estaba radiante de alegría, entonces comprendió el misterio de aquel espejo, era porque reflejaba la verdadera alegría de su dueño.

Así fue como Lety se dio cuenta lo especial que era el espejo que había adquirido, se sentía verdaderamente feliz de tenerlo, su primera explicación fue el haber ayudado a aquel niño.

Y desde entonces, cuando cada mañana se mira Lety Castro al espejo y no ve ese brillo especial, ya sabe qué tiene que hacer para recuperarlo: hacer el bien a quien lo necesite.
Y, Colorín colorado, este cuento se ha terminado.

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